Lejía: un producto químico de cloro-álcali para la protección de la salud

La lejía clorada (simplemente lejía, para los amigos, o hipoclorito, para los especialistas) es un producto químico doméstico de gran importancia desde hace más de doscientos años.

Además de utilizarse como desinfectante para mantener el agua potable y las piscinas saludables, también ha sido un producto muy valioso como blanqueador para la ropa cuando no existían lavadoras o detergentes ultraespecíficos.

 

Asimismo, gracias a su eficacia para eliminar virus y bacterias, se usa cotidianamente en residencias, espacios públicos y hospitales, y es recomendado para la lucha contra la reciente COVID-19. En estos casos, los especialistas de la salud recomiendan diluir 20 ml de lejía doméstica en un litro de agua y pasarla sobre las superficies (previamente lavadas).

 

Al igual que con cualquier producto químico doméstico, hay que tener en cuenta algunas precauciones para usarla de manera sensata y segura:

 

- La lejía debe manipularse con cuidado y con una protección adecuada en las manos y en el rostro, ya que puede irritar la piel y los ojos;

- Nunca debe ingerirse ni inyectarse, ni siquiera muy diluida, ni como tratamiento para las infecciones ni como respuesta a algún chiste o "desafío" online, ya que esto podría ser fatal;

- Debe guardarse en un lugar oscuro y seguro, lejos del alcance de los niños, y se debe tener en cuenta la fecha de caducidad;

- Nunca debe mezclarse con otros líquidos de limpieza (como, por ejemplo, vinagre, amoníaco o alcohol), dado que pueden reaccionar y provocar la formación de gases tóxicos y corrosivos.

 

Si se guarda, manipula y utiliza de manera correcta, la lejía es una herramienta esencial para ayudar a proteger nuestras casas, hospitales y comunidades. Es uno de los varios productos químicos de cloro-álcali que ayudan a mantenernos sanos.

 

(con Eurochlor)