Limpios y saludables con la ayuda del cloro-álcali

Lavarse las manos es una regla básica de higiene personal que aprendemos desde la infancia y que en los últimos tiempos ha ganado protagonismo en la lucha contra la pandemia de COVID-19. Lo que tal vez no sabe es que la química cloro-álcali se usa para la fabricación del jabón, y de esta manera nos ayuda a mantenernos saludables.

El hidróxido de sodio, más conocido como soda cáustica, es un producto esencial de la química cloro-álcali. Es un sólido blanquecino, fácilmente soluble en agua, muy reactivo y corrosivo. Y sirve como componente básico para reaccionar con un aceite y obtener jabón mediante una reacción química denominada saponificación.

 

La soda cáustica se mezcla con determinados aceites, que pueden ser aceite de oliva o de soja (para jabones más suaves), así como aceite de coco, aceite de palma o incluso grasas animales. A medida que la grasa líquida caliente reacciona con la soda cáustica, empieza a saponificarse y a espesarse. Además, se pueden añadir colorantes y perfumes; después se coloca la mezcla en moldes, donde sigue reaccionando y generando calor. Una vez que el jabón está más frío, es posible cortar las barras y envolverlas, pero el proceso de saponificación continúa durante algunas semanas, hasta que toda la soda cáustica haya reaccionado con los aceites. Este es el proceso que se utiliza, incluso para hacer el denominado "jabón natural".

 

Curiosamente, la barra final de jabón no contiene hidróxido de sodio y se utiliza una gran cantidad de aceite para impedir que se vuelva muy alcalino, ya que esto podría irritar la piel.

 

En Bondalti, la soda cáustica se suministra a granel, en concentraciones del 32 % y del 50 %, o en forma sólida, en sacos de 25 kg.

 

El hidróxido de sodio no es el único producto químico que se utiliza para hacer jabón. También el hidróxido de potasio, otro producto clave de la química cloro-álcali, se usa frecuentemente para hacer jabones líquidos.